Gente que tocó LM* sin salpicar a otros 21/12/2021
Hogar Clarita Santos
Por: Héctor Tabares O. Periodista.

“Dios, un toldo protector” del Hogar Clarita Santos, sede Casa de la Esperanza, en Cajicá. Una experiencia resiliente de un hogar geriátrico regentado por una congregación religiosa católica, que con mucho esfuerzo se ha venido reinventando para albergar y atender a más de 70 mujeres personas mayores, todas en condición de discapacidad física y cognitiva.

Historia
El Hogar Clarita Santos es dirigido por la Congregación Religiosa Siervas de Cristo Sacerdote, comunidad fundada en 1918 en Bogotá (hace 103 años) por la religiosa colombiana Margarita Fonseca Silvestre para la asistencia y promoción de las mujeres de sectores populares o marginadas, entonces.

Hoy el Hogar Clarita Santos opera en la Vereda Río Grande, sector la Esperanza. El hogar se sostiene gracias a convenios con las secretarías de Integración Social y de Salud del municipio de Cajicá, el Insdeportes y el Instituto de Cultura y Turismo, Gracias a alianzas con algunas universidades de la región, cuenta sor Ana Inés Rincón Barbosa, la directora del hogar.

El Hogar un caldo de cultivo para la COVID-19
Entre las experiencias del Hogar durante la etapa dura del pandemia, sor Ana Inés expresó: “Fue toda una experiencia de aprendizaje, la pandemia nos sacó de la zona de confort, antes no sabíamos cómo protegernos ni cómo proteger a los demás, pero fue la oportunidad para reinventarnos, buscar estrategias, de tal manera que primero pusimos nuestra situación en las manos de Dios, quien fue el que puso como un toldo protector, como un muro para que todas nuestras funcionarias y funcionarios, y, sobre todo, nuestras usuarias no hubiesen vivido ninguna situación complicada”.

La atención de la salud
Durante todo el período fuerte de encierro en Colombia, las personas mayores requirieron acceso continuo y oportuno a la atención de salud. En la Casa de la Esperanza, “una de las dificultades fuertes fue no poder sacar algunas usuarias enfermas al médico; entonces fue bastante tenso, nos tocó conseguir médico particular y conseguir por nuestra cuenta cómo pagarle y comprar las medicinas requeridas, pero había que hacerlo por la protección de nuestras adultas mayores”.

Cómo recogieron recursos
“Podemos decir que Dios no desampara a nadie. En el momento de la pandemia cuando estaba todo cerrado fue maravilloso: algunos amigos benefactores nos llamaban y nos preguntaban cuáles medicinas necesitábamos y qué más nos hacía falta, entonces todo nos lo hacían llegar al Hogar, sin darnos cuenta de los donantes ni de quién nos los traía nos las dejaban con el señor vigilante de la portería. También de la alcaldía municipal de Cajicá más de una vez nos ayudaron con mercados.

Una de las formas de sostenerse la Casa de la Esperanza es a través del Baúl de la Esperanza, de la cual las religiosas obtienen recursos para fortalecer los programas que se desarrollan en el Hogar con la adulta mayor. El programa disminuyó sobre manera durante la pandemia, debido a la restricción total de contactos tanto con el personal que acude a la institución a hacer sus donativos como con el personal que se motiva a comprarlos, gran variedad de productos nuevos y usados a un bajo costo: ropa, zapatos, juguetes, libros, elementos de cocina, comedor y baño.

Show virtual ‘El Camino a la Felicidad’
El pasado 14 de agosto en horas de la noche, la Casa de la Esperanza celebró un evento con el comediante Andrés López, quien se vinculó como una forma de proyección social de su parte a través de su show virtual ‘El Camino a la felicidad’.

Construcción de una nueva sede
“Uno de los proyectos que tenemos entre manos muy urgente para la posconavirus, es la construcción de una nueva planta física para el Hogar, porque la actual está en riesgo, no está apta para la atención de la adulta mayor, máxime que es muy pequeña. El proyecto es ideado, dirigido y donado por el arquitecto italiano, Carlo Barbieri, acompañado de un equipo de expertos en áreas específicas: arquitectura, ingeniería, energía y gestión social.

ESTA CRONICA PUEDE LEER TODA EN https://elobservador.com.co/