Este 2025, varios municipios del departamento decidieron encender sus luces antes que el resto del país, convirtiendo la Sabana y las provincias en auténticos escenarios turísticos que convocan a miles de visitantes.
Los juegos de luces, las figuras gigantes, los espectáculos culturales y las novenas comunitarias están transformando las noches en un recorrido lleno de tradición, color y esperanza. Los municipios que ya iniciaron sus encendidos de luces han entendido que la Navidad es mucho más que una fecha en el calendario: es una oportunidad para dinamizar la economía local, fortalecer la identidad cultural y generar espacios seguros de encuentro para las familias.
Las alcaldías municipales han visto en esta estrategia un vehículo poderoso para atraer turismo interno, apoyar el comercio, visibilizar los talentos artísticos locales y posicionar a Cundinamarca como un referente de experiencias navideñas.
Zonas como Funza, Madrid, El Rosal, Cota entre muchos otros han convertido sus parques principales y corredores viales en rutas luminosas que ya atraen visitantes de Bogotá y de otras regiones. Cada uno con su propia propuesta estética y su sello cultural, los municipios compiten de manera sana por ofrecer el mejor espectáculo, lo que en último término, beneficia al público y al territorio.
Este fenómeno tiene un impacto directo en la economía. Restaurantes, emprendimientos, transportadores, vendedores informales, artesanos y hoteles reportan un aumento en la afluencia de turistas. La Navidad se convierte, así, en una ventana para que cientos de familias puedan mejorar sus ingresos antes de finalizar el año. Y en un país que todavía enfrenta brechas sociales y económicas, estos espacios de encuentro comunitario son esenciales para fortalecer el tejido social.
Sin embargo, el reto va más allá del brillo de las luces. La sostenibilidad, la seguridad y la protección de espacio público deben ser prioridades. Si Cundinamarca desea consolidarse como destino navideño, es necesario continuar promoviendo prácticas responsables: uso eficiente de energía, manejo adecuado de residuos, control del tráfico y una oferta cultural que sea incluyente y segura para todas las edades.
La apuesta de Cundinamarca por convertirse en un destino turístico navideño no es coyuntural. Es una visión que reconoce el poder de la cultura para activar las economías locales y rejuvenecer la vida en comunidad. Este diciembre, las luces no solo iluminan las calles: iluminan también la convicción de que tradición, creatividad y buen gobierno pueden transformar el territorio y consolidarlo como un referente nacional.